Máquinas Mortales




Máquinas Mortales (título original Mortal Engines) es una película basada en la novela homónima de Philip Reeve, la cual es la primera de una tetralogía la cual ha sido ampliada con varias precuelas. El argumento es bastante... alocado: tras una guerra mundial conocida como la “Guerra de los Sesenta Minutos”, la humanidad quedó casi extinta. Los pocos supervivientes hubieron de comenzar a luchar por los pocos recursos que quedaban y para ello se convirtieron en nómadas movilizando sus poblaciones en gigantescos vehículos a motor, un fenómeno social conocido como "traccionismo". Sin embargo, pronto unas ciudades comenzaron a “devorar” a otras para quedarse con sus recursos y pobladores. Como resultado, comenzó la Era de las Ciudades Predadoras del Oeste.

Bien, tomemos un respiro. Es una saga de novelas dieselpunk. La idea de unas ciudades persiguiéndose unas a otras a lo Mad Max suena disparatada, pero el mundo de Reeve trasladado a la pantalla por Peter Jackson tiene más profundidad que eso. De hecho, Universal se gastó 100 millones de dólares en la producción de esta película, con la esperanza de convertirla en una franquicia. El resultado en taquilla ha sido un fracaso (no alcanzando siquiera los 75 millones, con lo que ni siquiera recaudó suficiente como para cubrir los costes), pero eso no implica que la película sea mala. Al contrario, me ha parecido una buena película.Si queréis saber el porqué, seguid leyendo.





Londres a punto de "comerse" a una ciudad bávara al inicio de la película.


La película sigue la historia de dos personajes bastante dispares: por una parte, una joven que es hija de una arqueóloga y que busca venganza contra el asesino de su madre, Thaddeus Valentine, el cual resulta ser el líder efectivo de Londres. Por otra parte, un joven arqueólogo, Tom Natsworthy, el cual tenía vocación de aviador pero hubo de abandonar esa carrera cuando sus padres murieron en un accidente (todo el mundo sabe que ser arquéologo es más rentable que ser piloto, ¿verdad?). Sus vidas se cruzan cuando la joven intenta asesinar a Thaddeus y Tom lo impide. Ambos se convertirán en enemigos de Thaddeus cuando este (en lugar de darle las gracias, lo expulse de Londres) y buscarán detener el plan de éste respecto de reconstruir un “superarma” de la Guerra de los Sesenta Minutos.

La película cumple en cuatro aspectos: en primer lugar, dar un rol activo a las mujeres protagonistas: Hester Shaw, Ana Wang y Kate Valentine. En segundo lugar, en mostrar una gran diversidad racial en cuanto a los personajes. Sin embargo, lo que más destacaría del trabajo de Peter Jackson es la de lograr mostrar un mundo muy alejado del nuestro, pero cuyos vínculos culturales están visibles: a través de los nombres, uniformes, vestimenta y decorados de Londres y de Shang Guo, así como a través de diversas referencias durante el filme a “los Antiguos” (los cuales seríamos nosotros). Esto permite evocar al espectador la sensación de estar viendo una época muy lejana en la que se combina alta tecnología del futuro con tecnología anticuada que en realidad ha sido recientemente recuperada. En cierto modo, me recordó bastante a la ambientación del juego de rol Numenera, de Monte Cook. Es un mundo del que quieres saber más, y en ese sentido cumple como iniciadora de una franquicia (que me temo que nunca verá la luz). Finalmente, destacaría también el aspecto visual: la película realza ese aspecto dieselpunk de hacernos sentir los motores rugir y las ruedas de cadenas estar a punto de aplastar a los personajes en todo momento. Una sensación que seguramente causó el terror de los soldados en la Primera Guerra Mundial.



Londres en todo su motorizado esplendor.


El argumento, sin ser brillante, resulta inspirador como alegoría del capitalismo y el imperialismo frenético de nuestros días. En nuestra sociedad vemos crecer megalópolis cada vez mayores, mientras otras regiones del mundo van quedando despobladas por el conflicto y la pobreza. En esta película ese concepto se hace literal con unas ciudades consumiendo a otras. Además, vemos también plasmada en el personaje de Thaddeus Valentine la figura del caudillo populista que consigue manipular a las masas para perseguir sus propios planes y el peligro que ello supone, la cual Hugo Weaving representa a la perfección en la película. A un nivel más abstracto, los protagonistas se ven inmersos en un conflicto entre las dos principales potencias del mundo, pero también entre dos filosofías opuestas: el traccionismo de Londres y el anti-traccionismo de Shan Guo. Mientras que las ciudades traccionistas lo consumen todo a su paso, Shan Guo se erige como bastión de la conservación de la naturaleza y de una visión sostenible de la civilización.


Londres pasó por aquí. De aquellos barros, estos lodos... Literalmente.


¿Dónde falla la película? No voy a hacer spoilers, pero la última media hora parece demasiado similar a cierta franquicia de ciencia ficción. Pese a ello, creo que es una película disfrutable si vamos con la mente abierta a más de dos horas de entretenimiento sin grandes complicaciones, que nos trasladan a un mundo lejano pero que comparte muchos de los males de nuestro tiempo.

Por otra parte, y aunque no lo comparto demasiado, he leído bastantes quejas de las actuaciones de la pareja protagonista, Robert Seehan y Hera Hilmarsdóttir. Seehan, por su parte, no se sale del tipo de papel que tiene acostumbrado en él: el héroe simpático, un poco tontorrón, pero de buen corazón. Personalmente creo que el papel de Natsworthy le encaja al dedo. Hera, por su parte, encarna a una heroína determinada a cumplir con su misión vital, con un pasado difícil, pero que a medida que transcurre la película vemos que lo que inicialmente es una mera venganza personal se va convirtiendo en algo más grande. Yo creo que encarna bien el papel de heroína, pero hay polémica al respecto.

¿Y vosotros? ¿Habéis visto la película? ¿Qué opináis? Espero vuestos comentarios.

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